Origen de la uva albariño.

El origen de la uva albariño nunca estuvo muy claro, pero a pesar de ello en este artículo intentaremos aclarar el dilema sobre quienes la introducen en Galicia y cómo lo hacen.

Siempre que la génesis de algún acontecimiento permanece oculta, la mitología y la historia se entrelazan y se confunden influenciadas por modas gnoseológicas que impiden descubrir los orígenes y sacarlos a la luz.

Con el tiempo las hipótesis poco contrastadas e intuitivas desaparecen y se sustituyen por estudios más científicos que las van desmintiendo.

La teoría más conocida sobre la introducción de la uva albariño, la elaboró el gran escritor gallego Álvaro Cunqueiro, por otro lado con un nombre muy sugerente para hablar del vino que se solía beber en cunca de porcelana blanca.

El maestro de la narrativa fantástica, defendía la idea de que la vid que produce la uva albariño, se introdujo en Galicia a través de Francia en el S. XII, de manos de los monjes de la orden del Cister.

Hombre verde vestido como un monje con racimos de uvas y hojas de parra.

La orden se creó en el año 1090 en la antigua localidad que los romanos llamaban Cistercium y que hoy se conoce como Citeaux, situada en plena côte d’or de la Borgoña francesa, de donde salen desde hace siglos los mejores vinos blancos del mundo.

Los cistercienses aparecieron por primera vez en la península ibérica de la mano de Raimundo de Borgoña, quien llegó a España para contraer matrimonio con doña Urraca.

Este echo histórico nadie lo discute, lo que ya no está tan claro es que hayan sido ellos los que introducen la uva albariño en Galicia.

El Cister, además, fue la orden encargada de cuidar el camino de Santiago. Una de sus misiones era la de replantar viñas, primero en los valles fluviales del Ebro, Duero, Sil… y luego hasta llegar al fin del mundo conocido, en Finisterre.

Ellos perfeccionaron y modernizaron con sus conocimientos, tanto las técnicas del cultivo de la vid en Galicia, como las técnicas de elaboración del vino.

En un principio, las plantaciones de vid estaban solo reservadas para los monjes.

Se trataba de una planta que no se encontraba al alcance de los humildes, sólo se cultivaba en los monasterios, hasta que en el S.XVIII se produce la desamortización de Mendizábal.

A raíz de este acontecimiento se subastaron los terrenos en manos de la iglesia que no se cultivaban y, comenzó a sembrarse la vid en los pazos y casas señoriales, que eran los únicos junto con la alta burguesía que podían destinar sus terrenos a otros cultivos que no fueran los de subsistencia.

 

Así comienzan su viaje la uva y los vinos albariño a lo largo del tiempo hasta el día de hoy.

Otra teoría decía que la uva podría ser una variedad introducida mucho antes, en el S.V, por los pueblos bárbaros del norte de Europa, como Suevos o Visigodos, que llegaron a asentarse en el noroeste de la península ibérica.

En la actualidad se defiende la teoría de que la uva albariño es una uva autóctona de Galicia.

La gran duda es saber desde cuando es autóctona porque la vid no siempre creció en Europa.

Se sabe que la planta proviene de la zona Sur del Cáucaso y, en un principio, como todas las plantas frutales, era venenosa.

Los Fenicios, por su proximidad a la cuna de la vid, tal vez hayan sido los primeros en introducir la planta en Galicia, bien cuando deambularon por la desembocadura del río Umia en busca de estaño, o a través de Grecia, donde el vino era muy apreciado.

Más tarde, los romanos que llegaron a la península ibérica introdujeron vides.

No fueron los romanos del famoso Augusto Cesar, sino los de Décimo Junio Bruto, apodado el galaico, quienes unos mil años antes que los monjes del Cister, se pasearon por estas tierras hasta llegar a Ourense, donde se frenaron ante el río Límia porque se creían que se trataba del infernal Leteo o Lete, y que les haría perder la memoria si llegaban a su otra orilla.

Esos mismos romanos volvieron a detener su avance aterrorizados cuando alcanzaron el Finis Terrae y observaron como el mar tenebroso engullía el sol rojo.

Creyeron haber llegado al fin del mundo conocido.

Ellos pudieron ser los responsables de introducir una variante de lo que hoy conocemos como uva albariño.

Hay que tener en cuenta que hubo un asentamiento romano en Cambados.

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